martes, 21 de julio de 2015

LA MEDIOCRIDAD DE LA JUDEOFOBIA



LA MEDIOCRIDAD DE LA JUDEOFOBIA

Por Shaúl Ben Abraham

Se sabe que Albert Einstein dijo las siguientes palabras: “Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; pero de la primera no estoy muy seguro”. ¿Pero realmente hay pruebas de ello? Ciertamente hay muchas y aquí reseñaré una de ellas. 

Doy pistas. Ahí está pero no se sabe porque, ni exactamente cuándo ni dónde surgió. Los que la profesan cuando les conviene la niegan y la refirman bajo crueles sofismas; es vieja pero de consecuencias históricas recientes, no es religiosa, pero se le parece; no es política, pero lo involucra, y sobre todo hace que personas dispares y contrarias se parezcan.
 
Pero descubramos con unas preguntas a que me refiero ¿sabe qué tipo de estupidez ha durado por muchos siglos de país en país y se ha encarnado en todo tipo de personas? Otra pregunta para que precisemos mas ¿Qué pueden tener en común – aparte de ser humanos, de ser escritores o personas famosas- Estrabón, Tácito, Plutarco, Apión, Alejandro Severo, Justiniano, Crisóstomo, muchos Papas, Napoleón, Moliere, Nicolás I, Henry Ford, Wal Disney, Jacques Cousteau, Briggite Bardot y Phil Collins entre otros? La respuesta es su antisemitismo, o más exactamente su judeofobia. Todos y cada uno de ellos ha dado su cuota verbal y ha contribuido a perpetuar, desde su relativa fama, una de las peores y más antiguas y marcadas formas de la discriminación y del prejuicio.
 
Ciertamente la lista de personalidades de esa pregunta es muy pequeña, de hecho faltarían personalidades que nunca se les consideró “antisemitas”, como por ejemplo al insigne hombre que dijo lo siguiente:


¿Qué habremos de hacer, nosotros… con esa raza condenada y proscrita de los judíos?… He aquí mi honrado parecer. Primero, habrá que prender fuego a sus sinagogas… Segundo, habrá que desbaratar o destruir sus hogares…  Tercero, habrá que privarlos de sus libros de oraciones… Cuarto, habrá que prohibir, bajo pena de muerte, que sus rabinos sigan enseñando… Quinto, habrá que prohibir rigurosamente la libertada de movimientos y privilegios de libre paso… Sexto, se les habrá de prohibir que ejerzan la usura… Séptimo, habrá que obligar a los judíos y judías jóvenes y fuertes a que empuñen el hacha y el azadón, la pala y la rueca, para que ganen el pan con el sudor de su nariz y (por ultimo)… habrá que hacerlos del país y acabar con ellos de una vez para siempre.


No señores, esa no es la voz de Hitler, pero sí de alguien que lo  ayudo a engendrar ideológicamente: Martin Lutero. ¿Qué, Martín Lutero? ¿El mismo de las 95 tesis contra la Iglesia Católica Romana? El mismo. Estas palabras las dijo en 1543 cuando supo, por fin, que los judíos no se convertirían a su predicado cristianismo. Pero las conciencias de sus seguidores, los protestantes, pueden estar tranquilos que nadie a él lo ha consideró alguna vez antisemita ¡Y qué tal que lo hubiera sido!  

Pero paso a considerar un punto que no puede pasar sin ser discutido. El término “antisemitismo”, es en todos los sentidos un error, es un distractor que oculta una realidad más cruda, una realidad que con más propiedad debe ser llamada judeofobia o antijudaismo. El termino fue acuñado por el austriaco Wilhem Meir en 1897, un insigne “antisemita” que se propuso dejar en circulación una palabra que abarcara tan viejo sentimiento.  Pero aclaremos las cosas, la verdad no hay antisemitismo, y si lo hubiera los que lo profesan deberían odiar también a todos los descendientes de Shem.  Pero no, en la práctica se odia a los judíos, se los odia porque si, por qué no, porque me miro mal, porque no me miro, porque ellos comen kosher o por qué no comen, porque se viste como yo, o por que usan atuendos raros, y porque…  me canso nada más de pensarlo. 

En muchas ocasiones en las que Israel ha tenido enfrentamiento con los grupos terroristas que son alentados por algunos palestinos en Europa se han presentado continuos ataques a Sinagogas, centros culturales judíos  e instituciones israelitas. En retrospectiva puedo recordar como en Egipto en el año  400 a.e.c un grupo de sacerdotes atacaron un templo judío que se encontraba a orillas del Nilo.  Siglos después en Venezuela, durante el gobierno de Chavez, el 10 de febrero de 2009 se presentó un ataque a la Sinagoga de Caracas. Cerca de 2400 años han pasado y en este tema no se ha avanzado mucho.
 
Lógicamente los motivos a los que se aduce para justificar estos ataques son muchos y han cambiado de esfera simbólica: En lo político los judíos manejan el mundo, en lo teológico son los pecadores que mataron a Cristo, en lo económico ellos son los dueños del dinero; en lo moral son los inmorales moralistas que crearon la conciencia; en lo social son discriminadores. Y así es en otros muchos aspectos en que se los trae de aquí para allá en la boca de todos, de acuerdo al gusto y disgusto que produzcan: los de la izquierda dicen que son unos reaccionarios, los de la derecha los acusan de inventar el comunismo, los ricos que son unos miserables y los pobres que son ricos, los racistas los acusan de apoyar el mestizaje para terminar con el mundo blanco, y ciertos grupos negros los acusan de racistas (ignorando muchas veces que uno de los grupos más antiguos del judaísmo está compuesto por negros: los Beta Israel). Si se callan es por andan conspirando algo y si hablan es porque ya han alcanzado su complot. Los cientificistas y ateos dicen que ellos promueven la perniciosa idea de Dios y los religiosos que son ateos. Malo si viven en guettos y malo si viven en Palacios. Malo si están entre los países y malos también por que lograron estar en Israel

¿Y por qué tanto odio? Las razones no son claras, al parecer solo acontece, está ahí. Por años he recolectado información para tratar de entender este fenómeno en términos antropológicos y no podría llegar a una sola conclusión. Lo claro es que frente a la tención odio-odiado, el triunfador ha sido en este caso el segundo, a pesar, muy a pesar, de todas las almas que tuvieron que perderse para lograrlo. ¿Y por qué digo que ha triunfado el odiado? Porque todavía el pueblo judío está aquí. Cerca de 23 siglos de discriminación y el pueblo judío está aquí y muchas de las naciones que los quisieron destruir son historia ¿Dónde están los romanos? ¿Dónde los babilonios? ¿Dónde están los antiguos egipcios? ¿Dónde están los griegos de la Hélade? La respuesta es clara: el caído siempre es Goliat, por más grande que sea y no David. El judaísmo no es historia, es total actualidad.
 
Pensando en uno de los cientos de tópicos que ha desarrollado la judeofobia, me pregunto  ¿de dónde vendrá el mito de que los judíos dominan Estados Unidos? ¿Se olvidan, los que mantienen esta creencia, acaso que el poder árabe en Estados Unidos es realmente mayor aun? La verdad es que en el país del Tío Sam también han sido discriminados. Desde Peter Stuyressant que los expulsó de lo que entonces era Nueva Amsterdam, el actual Nueva York, hasta 200 años después el general Ulysses S. Grant que acuso a toda la comunidad judía de ser espías. De ahí en adelante otras voces han resonada en el país de las barras y las estrellas: el padre Coughlin, los escritores Henry Adams, Jonh Jay Chapman y Ezra Pound y desde luego el ya mencionado Henry Ford que popularizo los falsos y archiconocidos Protocolos de los Sabios de Sion y puso su cuota literaria con un libro que mandó a escribir para él, el Judío Internacional. Es en Estados Unidos donde precisamente tienen su sede la agrupación Naciones Arias, que por su nombre el que lea sabrá que no me refiero a una institución de beneficencia.

Otro motivo típico es la discusión en torno a la expresión “pueblo elegido”, misma que muchos tildan de excluyente y racista. Sin embargo dicha expresión, que de paso es una mala traducción, no connota para nada un sentido de superioridad. Por el contrario,  la creencia en una raza superior no fue una idea judía, es una idea que ha tenido muchos autores en diferentes grupos humanos, en especial  en aquellos que han alcanzado un nivel imperial, como los babilonios, los griegos, los persas, los romanos, los ingleses… los nazis. Querer compararlo con la idea de “pueblo elegido”, tal y como está en el Tanaj o las Escrituras Sagradas del judaísmo, es un rotundo desacierto; cuando los judeófobos mención  “elegido” aluden el concepto a partir de una traducción no muy exacta de la palabra segulá, que debería traducirse más bien como “atesorado”. Entre otras cosas lo de elegido en verdad no hace superior a nadie, por el contario pude tener muchas desventajas. Ciertamente indica distinción, ¿pero qué pueblo no apela su distinción del resto?
 
Pero la verdad  no se para que explico esto si para el judeofobico no haya más que maldad en el judío per se, intrínseca, propia de sus ser natural, y nada bueno puede salir de él, y así cualquier explicación, cualquier apología sobre el carácter ontológico del judío se tomará como un arma en su contra. La judeofobia no puede vencerse con razonamientos  puesto que ella misma es una negación de ellos, se fundamenta en el odio y en la continua acusación que por donde quiera que se la quiera ubicar se  transforma en una nueva forma de ilógica capaz de sacar cualquier disculpa para no concederle nada a su favor al judío.  Como dice 
Jean Paul Sartre en sus Reflexiones sobre la cuestión judía:
 

La frase: “Odio a los judíos” es de las que se pronuncia en grupo; al pronunciarla se adhiere a una tradición y a una comunidad: la de los mediocres. Por eso conviene recordar que no es necesariamente humilde ni siquiera modesto porque se haya aceptado la mediocridad. Todo lo contrario: hay un orgullo apasionado de los mediocres, y el antisemitismo (sic) es una tentativa para valorizar la mediocridad como tal, para crear la “elite” de los mediocres”


Los fracasos, los problemas, las frustraciones siempre necesitan sus chivos expiatorios, en muchos casos históricos lo han sido los judíos. Evidentemente no son los únicos. En muchos casos lo han sido también los indígenas, los negros, los gitanos y todos aquellos grupos que por su condición han sido perseguidos, ultrajados y asesinados. 

Los judeófobos deberían ser consecuentes y no deberían nunca hacerse el favor de leer, oír, ver, entender, a unos grandes del mundo intelectual y cultural como: Maimonides, Baruj Spinoza, Levi Strauss,  Franz Kafka, Karl Kraus, Celan, Mahler, Albert Einstein, Jacques Derrida, Walter Benjamin, Alban Berg, Emanuel Levinas, Hofmannsthal, Herman Cohen, George Steiner, Primo Levi,  Daniel Baremboin y tantos otros que aquí no mencione y que han pensado el mundo y lo han mejorado; desde esta nota les pido ¡Por favor no los lean! Le hacen un favor a su causa cuando mantinen tanta ignorancia, aunque no le hagan un favor al resto de la humanidad. Síganse engañando  con Hitler, con Jean Boyer, con Henry Ford, con Maurice Pinay, con I.B Pranaites y con una larga serie de autores de pacotilla que se envenenaron en sus ideas de odio.

Como bien lo recuerda George Picht, en su libro Mut Zur Utopie (Frente a la Utopia), los nazis tenía un lema que es todo lo contrario a lo que es la condición humana: “Así somos y así queremos seguir siendo”. Fueron seres incapaces de distanciarse de sí mismos, de su historia, de sus errores, por eso fueron y son la epitome de la judeofobia, por eso nacieron para acabar siendo ellos mismo, para autodestruirse, como dijo alguna vez Borges de ellos.  El judaísmo en su esencia enseña todo lo contrario, por eso renace y se encuentra en cada época más fuerte, porque el judaísmo autentico, el de la Toráh entendida bajo la voz de los sabios, nos enseña a encontrarnos con el Yo Esencial y a salir de las garras de ese Amalek que es el Ego, el mismo que merece ser olvidado, el mismo que debe ser quemado en los altares de la conciencia. 

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