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domingo, 30 de abril de 2017

Las cinco frases del escritor Etgar Keret

Presentado por la Fundación El Libro como "el autor más popular de la juventud israelí", Etgar Keret (1967) estuvo ayer en Zona Futuro, el lugar de las nuevas tendencias situado en el Pabellón Amarillo de la Feria del Libro. Keret es autor de cinco libros de cuentos, una novela, libros de historietas y, como no puede faltar en la producción de un escritor que se precie de tal, un libro para niños. En 2004, la entonces editora de Emecé Julieta Obedman había dado a conocer, con traducción de Jorge Salvetti, El chofer que quería ser Dios, un conjunto de relatos breves con "punch". Luego de las crisis económicas, se alejaron las posibilidades de contratar los nuevos libros del autor en la Argentina. Ahora, los libros de Keret llegan a la Feria por intermedio del sello mexicano Sexto Piso. Entre ellos se destacan los cuentos de Extrañando a Kissinger, las crónicas de Los siete años de abundancia y el más nuevo, Tuberías, de 2017, otro conjunto de cuentos. El libro para niños, Romper el cerdito, fue ilustrado por David Polonsky. En México Keret tiene muchos fans: Keret en su tinta, de 2014, es una selección de relatos transpuestos al cómic por catorce ilustradores mexicanos. Otro escritor israelí, Eshkol Nevo, visitará la Feria durante mayo.
De la entrevista de Keret con Damián Vives, elegimos algunas frases destacadas del narrador (y también cineasta) israelí:

domingo, 4 de septiembre de 2016

#LITERATURA: Tocar el agua, tocar el viento

Siruela rescata, a partir del 7 de septiembre, una de las primeras novelas del escritor israelí Amos Oz

Tocar el agua, tocar el viento relata la historia de Elisha Pomeranz, un matemático y relojero judío que abandona Polonia en 1939 cuando los nazis se adentran en el país. Pomeranz se ve forzado a huir a los gélidos bosques, dejando atrás a su bella e inteligente esposa, Stefa.Después de la guerra, tras haber eludido los campos de concentración, ambos consiguen ir rehaciendo sus vidas mientras buscan el momento de reencontrarse: Stefa, en la Rusia de Stalin, y Elisha, en Israel, donde otro conflicto está empezando a fraguarse. Tras varios cambios de identidad, finalmente en un kibutz Elisha encuentra una solución matemática al problema del infinito.

En esta novela, Amoz Oz añade a su relato un marco de fantasía alegórica, de cuento popular. Así, del mismo modo en que las figuras de Chagall resuelven con total naturalidad los problemas gravitacionales, Elisha levita y sobrevuela "los alemanes, los bosques, las cabañas, los fantasmas, los lobos"; Stefa, por su parte, se convierte en una especie de heroína cómica de la burocracia soviética. Pero, cuando el matrimonio se reúna por fin, será solo para desaparecer de nuevo, convertidos ya en seres tan insustanciales como todos aquellos que se han alejado demasiado de la tierra para escapar de los corrosivos tentáculos del mal.

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