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martes, 29 de agosto de 2017

Los eclipses y el judaísmo por Uriel Romano

https://urielromano.wordpress.com/2017/08/18/los-eclipses-y-el-judaismo/

El sol dice: “El sol, al estar cubierto por la luna, se detiene en su lugar, a la luz de tus saetas que cruzan, al resplandor de tu refulgente lanza. (Habacuc 3:11)” (Perek Shira, cáp. 2)
El 21 de Agosto del 2017[1] ocurrirá un fenómeno astronómico poco común. Un eclipse solar, parcial en algunas partes y total en otras, se verá a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos. Actualmente me encuentro viviendo y sirviendo en una sinagoga de Nueva York por ende hace semanas que vengo escuchando de este fenómeno que no se da de forma similar desde 1918.
Siguiendo los lineamientos del Talmud (Berajot 54a) que nos da una lista de varias bendiciones diferentes que debemos pronunciar frente a ciertos fenómenos de la naturaleza o frente a ciertas maravillas del mundo natural me pregunte si había alguna bendición que debía pronunciar el lunes por la tarde cuando el eclipse solar pase por Nueva York. Entonces hice lo que suelo hacer cuando tengo una duda, comienzo a googlear, a leer artículos, blogs y referencias bibliográficas. Las respuestas que encontré me fascinaron y aquí las comparto, las resumo y las comento.
Eclipse solar, una breve explicación:
Como de costumbre cuando no hay mucho tiempo para hacer una investigación profunda Wikipedia ofrece una buena y simple respuesta: “Un eclipse solar es el fenómeno que se produce cuando la Luna oculta al Sol, desde la perspectiva de la Tierra. Esto solo puede pasar durante la luna nueva… En un eclipse los centros del Sol, la Tierra y la Luna están totalmente alineados, estando la Luna siempre cerca de la línea que une la Tierra y el Sol. ”. Judaicamente hablando un eclipse solar solo puede ocurrir durante Rosh Jodesh o muy cerca del comienzo del mes. Este año el eclipse del 21 de Agosto coincidirá con el comienzo del mes de Elul. En pocas palabras un eclipse solar produce que desde la perspectiva terrestre la luna cubra por unos minutos, no más de 8 minutos, totalmente el sol y que el día de pronto “se oscurezca”. Este fenómeno es tan poco frecuente que se calcula que se repite en un mismo lugar geográfico una vez cada entre 360 y 410 años. [2]
Los eclipses en la Biblia: ¿Buenos presagios o augurios del día de Dios?
Al parecer durante todo el período bíblico se registraron en la tierra de Israel solo dos grandes eclipses solares, o al menos solo estos dos eventos quedaron registrados. Según los cómputos de la NASA el 5 de Marzo de 702 a.e.c un gran eclipse solar se registró en la tierra de Israel en los tiempos del rey Ezequías. En II Reyes 20:1-20 se narra la famosa historia del rey Ezequías que había enfermado de muerte pidiéndole al profeta Isaías que le extienda la vida. Tras su suplica Dios decide otorgarle otros 15 años de vida. El rey le pide al profeta Isaías alguna señal de que Dios cumplirá con su promesa de extenderle la vida. El profeta le pregunta: “¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados.” Inmediatamente Dios hace retroceder la sombra. Algunos académicos aseguran que este episodio hace referencia a aquel eclipse solar ocurrido en Marzo del 702 a.e.c.[3]
Otros académicos Israelíes afirman que la Biblia registra aún otro eclipse solar. Los mismos sugieren que la famosa historia de la Batalla de Ioshua contra Gibeon donde el sucesor de Moshé le ruega a Dios parar el sol (ver Iosua 10:12), y el sol se detiene, en realidad significaría que el sol se ocultó como consecuencia de un eclipse. Estos científicos, utilizando cálculos de la Nasa, estiman que aquel episodio ocurrió el 30 de Octubre del 1207 a.e.c.[4]
 Hasta aquí, si los descubrimientos de los investigadores se confirman, los eclipses serían buenos augurios en la Biblia ya que en una historia el eclipse se muestra como una “señal divina” de que Dios ha decidido escuchar la plegaria del rey y extenderle así la vida, y en la otra historia el eclipse ayudó al pueblo de Israel a ganar una batalla durante la conquista de la Tierra prometida. Sin embargo en las profecías de los profetas Amos e Isaías, entre otros, los eclipses anuncian “el día del Señor”. Un día terrible, de tinieblas y de ira donde Dios juzgará a la humanidad por sus iniquidades. Por ejemplo el profeta social Amos (S. VIII a.e.c) cuestionando a los ricos por explotar a los menesterosos y oprimir a los pobres comprándolos por unos zapatos dice: “¿No se estremecerá la tierra por esto?¿No llorarán todos sus habitantes? Subirá toda ella como un río; crecerá y mermará como el río de Egipto. Aquel día, dice Dios, el Señor, haré que se ponga el sol a mediodía: cubriré de tinieblas la tierra en el día claro.” (8:8-9)[5].
 Isaías, profeta contemporáneo de Amos, también se refiere al día del juicio en su profecía contra Babilonia en términos similares: “He aquí el día de Adonai viene: día terrible, de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; el sol se oscurecerá al nacer.” (13:9-10) ¿Qué fenómeno de la naturaleza puede ocultar el sol durante el mediodía? En términos talmúdicos podríamos decir que estamos obligados a decir que es un eclipse solar total. Con estas referencias podemos comprender como los eclipses, ya sean solares o lunares, no tenían tanta buena prensa en el antiguo Israel. Como en muchas otras culturas del mundo antiguo los eclipses, especialmente los solares, son un mal presagio que expresa la ira divina. Y veremos cómo esta idea se acreciente en la época talmúdica.
Los eclipses en el Talmud: Malos presagios
En toda la literatura talmúdica encontramos una sola Sugya, unidad temática, que lidia con los eclipses solares y lunares. El mismo se encuentra en Sucá 29a. El contexto de esta Sugya es apropósito de una discusión en torno a que la lluvia durante la festividad de Sucot, en donde comemos y dormimos en cabañas fuera del hogar, donde la misma representa es un mal presagio (según los sabios es una forma que Dios tiene de mostrar disgusto con los seres humanos impidiéndoles que celebren la festividad como “Dios manda”). En este contexto el Talmud dice: “Un eclipse solar es un mal presagio para todo el mundo”. Y luego nos relata una parábola que explica por qué es un mal presagio. Nos dice que es comparable a un rey que prepara un banquete para sus sirvientes y pone una gran lámpara para que puedan ver pero luego se enoja con ellos y le saca la lámpara para hacerlos sentar en la oscuridad.
En una segunda Braita relacionada con la primera los sabios hacen una distinción entre un eclipse lunar y un eclipse solar. Dicen que los eclipses lunares son un mal presagio para Israel, ya que su calendario está basado principalmente en la luna, mientras que un eclipse solar es un mal presagio para las naciones del mundo ya que ellos utilizan un calendario solar.
Siguiendo la temática en otra fuente se nos ofrece cuatro explicaciones de transgresiones que provocan los eclipses solares: (1) Por la muerte de un presidente de la corte rabínica (Av Beit Din) que no es endechado correctamente (2) Por una joven comprometida que es abusada en la ciudad y no hay nadie que la salve (3) Por relaciones homosexuales (4) Por dos hermanos cuya sangre es derramada al mismo tiempo.
Sin entrar en demasiados detalles y análisis esta Sugya talmúdica presenta varias complicaciones que serán luego desarrolladas y analizadas por los sabios en la edad media. Entre los grandes interrogantes que despierta esta Sugya están: ¿Son los eclipses solares un mal presagio para el pueblo judío o para el mundo? ¿Si los eclipses solares son hechos predecibles de la naturaleza como un “pecado” puede generar un eclipse? ¿Cuál es la relación entre las transgresiones allí mencionadas y los eclipses? ¿Tienen aquellas transgresiones un denominador común?
Y por último ¿Debe el pueblo judío tenerle miedo a estas señales del cielo? Acaso no dijo el profeta Jeremías: “Así dijo Adonai: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman.” (10:2). Así por lo menos lo comprende Rabi Iojanan quien nos dice que tanto los eclipses solares como lunares son relegados a los gentiles ya que los judíos le temen a un poder superior que el de los astros, solo le temen a Dios (Mejiltá deRabi Ishmael 12:2:4)[6].
Los eclipses en el pensamiento judío medieval y contemporáneo: racionalizando el Talmud
Diversos talmudistas medievales y pensadores modernos, aceptando la premisa conocida en su época que los eclipses son fenómenos de la naturaleza predecibles y calculables, y no consecuencia directa de las acciones de los hombres, intentaron racionalizar o explicar nuestra Sugya talmúdica. Dividiremos las explicaciones entre “científicas” y alegóricas.
Explicaciones “científicas”
Maharal de Praga: Beer HaGola, 6:106
Iehuda Loew ben Betzalel (1526-1609, Bohemia), el “creador” del Golem, en una larga discusión establece que si bien es cierto que los eclipses son fenómenos predecibles en un universo “sin pecados” no existirían los eclipses ya que Dios alinearía el sol y la luna de forma diferente. Sin embargo en nuestro mundo como el hombre inevitablemente pecará Dios estableció este fenómeno de forma periódica.
Yonathan Eibeschutz: Ye’arot Devash2:10
Este sabio rabino (1690-1794) de las “tres comunidades”,  Altona, Hamburgo y Wandsbek, acusado luego de ser seguidor de la secta mesíanica shabetaista, sugirió que el Talmud al hablar de Likui Jamá no estaba haciendo referencia a los eclipses solares sino a las “manchas solares”[7]. Este fenómeno es mucho menos predecible y calculable que los eclipses solares.[8]
David Pardo: Chasdei David, Sucá 2:6
Este sabio italiano (1718–1790) sugiere que si bien existen eclipses predecibles, el Talmud debía estar haciendo referencia a algunos eclipses no predecibles.[9]
  1. Menajem Mendel Schnerson: Iggerot Kodesh 15:1079.
El Rebbe de Lubavitch, el que algunos de sus seguidores afirman que es el Mesías, sugirió que si bien los eclipses son predecibles los fenómenos meteorológicos que permiten o impiden su visibilidad no son predecibles siendo estos últimos los que dependen de las acciones de los hombres.[10]
  1. Explicaciones alegóricas
Itzjak Arama: Akeidat Itzjak (Vaiejí, 32)
Este sabio español (1420-1492) en su comentario filosófico a la Torá sugiere una interpretación alegórica de los dichos talmúdicos. Dice que el eclipse hace en realidad referencia a la muerte de los justos que son “la luz de nuestra comunidad que se extingue”.
Yitzhak ben Yosef: Yesod Olam (3:17)
Este sabio español (siglo XIV) sugiere en el trabajo más importante de astronomía del judaísmo medieval que la alegoría se relaciona con las cuatro causas que según el Talmud generan un eclipse solar. Dicen que cada una de las cuatro transgresiones representa un movimiento de la luna. Por ejemplo la muerte de los dos hermanos hace regencia a un eclipse solar cuando la luna y el sol, “los hermanos”, pierden su fuerza y se “apagan” por unos minutos.
Jaim Elazar Shapiro: Divrei Torá 6:93
El Munkaczer Rebbe (1868-1937), fiel al estilo jasídico, compara la luz que recibe la luna del sol a la atención divina que el pueblo de Israel recibe de Dios. Cuando esta luz esta bloqueada esta hace referencia a un alejamiento del pueblo de Dios.
Yaakov Ettlinger: Aruj LaNer (Sucá 29a)
Este sabio alemán (1798-1871), gran oponente del reformismo, en su comentario a nuestro folio talmúdico comenta, siguiendo a Moshe Isserles, que en realidad el eclipse no es el resultado de las transgresiones mencionadas sino que el eclipse es solo un símbolo de “malos tiempos”. Los eclipses son un mal presagio a pesar de que sean un fenómeno natural. Muchas culturas, y la cultura rabínica no es la excepción, sostienen que hay ciertos tiempos propicios para ciertas actividades y ciertos momentos malos para realizar ciertas actividades. Por ejemplo los sabios talmúdicos dicen que hay ciertos días en la semana que son más propicios para casarse, el martes para ser más exactos, mientras que los días de eclipses serían días poco propicios ya que hay una mayor tendencia a la transgresión.
Los eclipses en la Halajá: ¿Bendecir o no bendecir? Esa es la cuestión.
La pregunta sobre si se debe/puede o no recitar una bendición al ver un eclipse al parecer es bastante moderna. El primero en hacer referencia a la misma es el Rebbe de Lubavitch en 1957 (Igrot Kodesh 15:1079). Él sugiere que no se debe recitar ninguna bendición ya que por un lado el Talmud no estableció ninguna bendición para los eclipses solares, si bien lo hace para otros fenómenos de la naturaleza, y por otro lado dice que también esta prohibido porque como explica el Talmud los eclipses son un mal presagio. Todo lo contrario, Menajem Mendel afirma que se debe clamar a Dios para que este mal presagio se termine.
Rab. Jaim David HaLevi (Ase Leja Rab 5:7), quien fuera el rabino principal de Tel Aviv-Yafo, también nos dice que no se debe recitar ninguna bendición ya que nos esta prohibido, luego del cierre del Talmud, crear nuevas bendiciones. Sin embargo entiende que el ver un “eclipse es un acto increíble de la naturaleza” y que sería bueno recitar una bendición sin embargo lamentablemente no nos es posible. Sugiere, que si alguien quiere recitar alguna bendición, puede utilizar los versículos que solemos leer cada mañana antes de Shirat HaIam: “Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Adonai delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Adonai, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Adonai, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Adonai, es el reino, y tú eres excelso sobre todos.” (I Cronicas 20:10-11)
Rab David Lau, más recientemente en el 2001, volvió a enfatizar que lamentablemente los sabios no establecieron ninguna bendición para este fenómeno astronómico pero el hombre de fe que quiere traducir en palabras sus sentimientos al ver semejante acontecimiento puede pronunciar los Salmos 19 o 104.
El rabino Joshua Heller, miembro del movimiento conservador de los Estados Unidos, en vistas al eclipse solar del 2017 escribió una responsa sugiriendo que si bien los sabios no establecieron ninguna bendición en particular existe la posibilidad de utilizar una bendición acuñada ya por los sabios talmúdicos (Brajot 54a) para otros fenómenos de la naturaleza para ser utilizado frente a un eclipse. Él sugiere dos posibilidades: “Ose Maase Bereshit” (…quién realiza las obras de la creación)[11] o “SheCojó uGburató Male Olam” (… cuya fuerza y poder llenan el mundo)[12]. Analizando las diversas fuentes pos-talmúdicas que analizas los significados y las razones de cada una de estas dos bendiciones este rabino se inclina por la bendición más específica de “SheCojó uGburató Male Olam”[13]. Dice sin embargo que quien realiza la bendición “Ose Maase Bereshit” también está bien. Sugiere por último también agregar los salmos 121, 148 o el poema litúrgico “El Adon” que se entona cada Shabbat por la mañana.
El eclipse y yo: algunas conclusiones
Una vez más frente a la pregunta ¿qué opina el judaísmo de…? Hemos visto que existen decenas de respuestas posibles. Ante una pregunta inocente que me hice hace unos días sobre si tenía que realizar una bendición al ver un eclipse solar me volví a enamorar de la tradición de mi pueblo, del Talmud y de sus comentarios, de la literatura de la responsa y de nuestros maestros. Ashrei HaAm Shekajá Lo, Ashrei HaAm SheAdonai Elohav. Que maravilloso que para cada pregunta podamos bucear en el mar de nuestra tradición y encontrar un sinfín de respuestas.
En lo particular este lunes 21 de agosto por la tarde intentaré ver (tomando todos los recaudos posibles), si las condiciones meteorológicas lo permiten, el eclipse solar. Comprendiendo que no es un mal presagio, y aunque lo fuese nuestra tradición nos invita a bendecir tanto por lo bueno como por lo malo (Mishná, Berajot 9:5), sino un fenómeno de la naturaleza recurrente creo yo que será una oportunidad maravillosa para afirmar una vez más lo asombroso que es el universo y el poder de Dios que se extiende y se manifiesta en Su creación. Por dicha razón diré la bendición “SheCojó uGuburató Male Olam” y pronunciare algunos salmos. Dios nos invita, de tanto en cuanto, a ver un maravilloso espectáculo de Su creación y yo doy gracias a mi tradición que me regala palabras para pronunciar en momentos donde muchas veces las palabras, ante el asombro radical, faltan.
Y aunque fuese un mal presagio, como nos sugiere el Talmud, creo también que son tiempos para reevaluar cuales son las grandes transgresiones de nuestra generación que hacen que Dios oculte su luz. Creo que es una oportunidad única para reevaluarnos como sociedad y para re-pensarnos. En solo una semana fuimos testigos de una marcha Neo-Nazi en los Estados Unidos y de un atentado terrorista en Barcelona (y un montón de otros acontecimientos que seguramente no llegaron a la primera plana de los periódicos). Sobran en nuestra generación razones para que Dios muestre su ira apagando el sol por unos minutos.
Y aunque no fuese un mal presagio y fuese solamente un fenómeno de la naturaleza la fecha en donde acontece este espectáculo es más que sugestivo. La noche del 21 de Agosto comenzaremos el mes de Elul, el mes de la introspección que nos guía hacia los Iamim Noraim. El eclipse será una maravillosa metáfora para comprender como algo tan pequeño como la luna tiene la capacidad de tapar la potencia infinita del sol y oscurecer a la tierra. De la misma forma que pequeñas malintencionadas acciones de los hombres pueden oscurecer a la sociedad pero también pequeñas acciones de hombres y mujeres de bien pueden iluminar las noches más oscuras.
Después del lunes, les cuento más.
Jodesh Tov,
Rab. Uriel Romano
Bibliografía:

lunes, 31 de julio de 2017

#OPINION : La Declaración Balfour está sobrevalorada Por Eli Cohen 



Como en todos los conflictos políticos, en el que enfrenta a israelíes y palestinos tiene un papel preponderante la interpretación de la historia.
Se ha escrito mucho, muchísimo, sobre los orígenes del sionismo, sobre la llegada de judíos a Palestina, sobre los acuerdos internacionales que llevaron al Mandato Británico, sobre la rebelión de los árabes, el establecimiento de Israel, las guerras… Y es difícil encontrar libros que no pequen de parcialidad. La muchas veces fallida equidistancia, en este caso necesaria, escasea entre los historiadores que han dado cuenta de una de las cuestiones más fascinantes, trágicas y significativas del siglo XX.
Casi 70 años después, el debate sigue siendo agresivo y acérrimo. Para unos, la independencia de Israel fue “uno de los acontecimientos más extraordinarios de la Historia” (Josep Pla); para otros, fue una catástrofe, la Nakba de que hablan los palestinos. Para unos, la Guerra de los Seis Días fue una victoria aplastante que confirmó la superioridad militar israelí en Oriente Medio; para otros, un ataque ilegal que dio origen a la ocupación y a un régimen de apartheid en Gaza y Cisjordania. Para unos, la Segunda Intifada fue la mayor ola de ataques suicidas e indiscriminados que se recuerda, y para otros fue la legítima resistencia de un pueblo oprimido. La misma lógica se aplica a cualquiera de los acontecimientos que han marcado el devenir del conflicto: el columnista del New York Times David Brooks acertó al afirmar que una de las razones de su eternidad es que ambas partes quieren imponer su narrativa a la otra.
En este 2017 de efemérides sionistas (50 años de la unificación de Jerusalén, 120 años del Primer Congreso Sionista, etc.) cumple 100 años la Declaración Balfour, lo que ha dando lugar a otro debate maniqueo y crispado. Mahmud Abás quiere que el Reino Unido pida perdón, pero la premier británica, Theresa May, ha respondido que los británicos han de estar orgullosos de ese documento histórico.
Intentaremos escapar de las dos posiciones antagónicas (éxito político vs. arreglo colonial entre sionistas y británicos) y arrojar un poco de luz sobre lo que en realidad supuso la Balfour.

El ambiguo apoyo del Gobierno británico a la causa sionista

La declaración fue en realidad una carta, fechada el 2 de noviembre de 1917, firmada por el canciller británico, lord Arthur James Balfour, y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en el Reino Unido, en la que se hacía constar la posición favorable del Gobierno británico al “establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”.
La misiva decía lo siguiente:
Estimado Lord Rothschild:
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.
“El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, en el entendido de que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país”.
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.
Sinceramente suyo,
Así pues, la principal potencia de aquel entonces, que de acuerdo con los tratados de Sykes-Picott y Sevres iba a ser la encargada de administrar la Palestina histórica (que incluía lo que hoy conocemos como Jordania), apoyaba formalmente las aspiraciones sionistas. Era un espaldarazo incuestionable para el movimiento sionista, que desde 1897 tenía los motores en marcha para el establecimiento de un Estado judío en Palestina. 

Sin validez legal

Ahora bien, en términos legales, la Declaración Balfour tuvo pocos efectos. Precisamente para evitar consecuencias jurídicas, en el texto se eludió deliberadamente la palabra Estado. El abogado estadounidense Sol Linowitz aclaró perfectamente la nula validez legal del documento: “[Era] legalmente impotente. Porque Gran Bretaña no tenía derechos soberanos sobre Palestina; no tenía interés propio y no tenía autoridad para disponer del territorio”. Fue, según señala Linowitz, en el mandato establecido por la Sociedad de Naciones donde se reconocieron solemnemente los derechos judíos sobre Palestina; eso sí fue un “documento internacional formal de validez jurídica incuestionable”.
El pasado mes de marzo, la profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalén Gaia Golán publicó un artículo en el Times of Israel titulado “Balfour no es para tanto”. Su argumento: la declaración era simplemente el pronunciamiento de una “potencia colonial”, mientras que la Resolución 181 de la Asamblea General de las ONU, de fecha 29 de noviembre de 1947 y que aprobaba el definitivo Plan de Partición, poseía la “legitimidad conferida por la comunidad internacional representada por las Naciones Unidas”. Una votación, por cierto, en la que los británicos se abstuvieron.
Tiene razón Golán. La Declaración Balfour fue un documento de alto valor simbólico, nada más. Son los tratados y resoluciones referidos los que han tenido consecuencias legales para la legitimidad nacional del establecimiento de Israel en la Palestina histórica.

El Mandato Británico no se guió por el espíritu de la Balfour

Aparte de la nula validez legal de la declaración, los británicos –y pese a la supuesta opinión del Gabinete de Lloyd George– se resistieron a que los judíos establecieran un Estado-nación en Palestina. Restringieron la inmigración judía mediante el Libro Blanco, y la persecución de los grupos armados judíos estuvo a la orden del día, así como las ejecuciones de los responsables de las acciones armadas contra el Mandato.
Por otro lado, los británicos utilizaron la Declaración Balfour en sus tratos con los árabes nacionalistas. Durante las negociaciones de Skyes-Picott y Sevres, los británicos jugaron a dos bandas e hicieron también promesas a los árabes, como refleja la famosa correspondencia entre el teniente coronel sir Henry McMahon y el jerife de la Meca Husein ben Alí. Tras la gran revuelta árabe de 1916 y la proclamación (1921) del emirato de Transjordania por parte de Abdulá, el segundo hijo de Ben Alí, los británicos no tuvieron más remedio que permitir (1922) la creación del Reino Hachemita de Transjordania, hoy Jordania, que suponía el 80% de la Palestina histórica. El 20% restante se lo disputarían encarnizadamente árabes y judíos.
En 1936, desbordado por los altercados en Palestina tras la revuelta árabe de ese mismo año, el Gobierno de Baldwin encarga a Lord Peel dirigir la Comisión Real sobre Palestina, que concluirá que, después de 20 años de Mandato, no quedaba más remedio que dividir el territorio.
La conclusión principal de la Comisión Peel es reveladora, y escalofriantemente actual:
Un conflicto incontenible ha surgido entre las dos comunidades nacionales dentro de los estrechos límites de un país pequeño. No hay puntos en común entre ellas. Sus aspiraciones nacionales son incompatibles. Los árabes desean revivir las tradiciones de la edad de oro árabe. Los judíos desean mostrar lo que pueden lograr cuando sea restaurada la tierra en la que nació la nación judía. Ninguno de los dos ideales nacionales permite su combinación en el servicio de un solo Estado.
Pero el Gobierno británico se resistió a terminar con el Mandato. Creó otra comisión, la Woodhead, para estudiar las recomendaciones de la Peel, que en 1938 emitió un informe en el que rechazaba la partición por “impracticable”. No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que los británicos finalmente tiraron la toalla, y no precisamente por la Declaración Balfour.
En cuanto a los sionistas, se agarraron a la Declaración Balfour como a un clavo ardiendo. Lo consideraron un documento legal fundacional. Ciertamente, les produjo grandes beneficios publicitarios. No obstante, el Estado de Israel requirió de mucho más esfuerzo, humano, material y legal, para nacer, y el apoyo británico fue, en el mejor de los casos, etéreo. La Balfour fue un pequeño éxito que los sionistas inflaron para demostrar que su movimiento tenía respaldo político al más alto nivel en la arena internacional. Ni fue el pistoletazo de salida ni la consagración de su movimiento.
La Declaración Balfour es, en suma, un documento sobrevalorado.

lunes, 19 de junio de 2017

AMÉRICA PRIMERO - ACUERDOS DE COLABORACIÓN ECONÓMICA Y TECNOLÓGICA ENTRE EEUU E ISRAEL por Eli Cohen

"Los acuerdos de colaboración económica y tecnológica entre EEUU e Israel progresan adecuadamente; y esto no choca con los intereses que predica el equipo de la Casa Blanca. Todo lo contrario: parece que a Washington le salen a cuenta los acuerdos comerciales y la colaboración con el Estado judío" No es ningún secreto que la Administración Trump tiene como eje de su política económica el Buy american, hire american (compre americano, contrate americano). Una política económica que presumiblemente consistirá en el repliegue económico de EEUU, en el manejo de las relaciones comerciales internacionales como si se trataran de un juego de suma cero y en la repatriación de capitales y empresas. EEUU estará más aislado, se mostrará poco preocupado por los problemas de los demás países, sean aliados o no, y estará dispuesto a sacar ventaja de su posición de fuerza como primera potencia en todos los ámbitos. ‘America First’ y el repliegue comercial de Trump Todo esto se reflejará en la política exterior de la Administración Trump, la America First, delineada por el secretario de Estado, Rex Tillerson, el pasado 3 de mayo, y que tendrá por ejes la preservación de la seguridad nacional y el aseguramiento de la prosperidad económica de EEUU. Es decir, que Washington intervendrá allende sus fronteras solamente cuando estos intereses estén en juego. Ciertamente, la Administración Trump está siendo consecuente con estas líneas de actuación: enterrados el TTIP y del Acuerdo de París, Washington tiene asimismo intención de renegociar el Nafta (acuerdo de libre comercio entre EEUU, Canadá y México), y su propuesta presupuestaria para 2018 recorta drásticamente la ayuda exterior. En palabras del propio Trump, EEUU apuesta por el fair and reciprocal trade (comercio justo y recíproco), que, hilando un poco más fino, significa que de Estados Unidos hay que esperar pocas concesiones, o ninguna, a la hora de tratar con otros Estados y organizaciones internacionales. A pesar de todo ello, los acuerdos de colaboración económica y tecnológica entre EEUU e Israel progresan adecuadamente; y esto no choca con los intereses que predica el equipo de la Casa Blanca. Todo lo contrario: parece que a Washington le salen a cuenta los acuerdos comerciales y la colaboración con el Estado judío. En su visita a Israel del mes pasado, Trump dijo que quiere intensificar el comercio entre los dos países pero reducir el déficit comercial norteamericano (en 2016 fue de 9.000 millones de dólares). Colaboración en I+D El 23 de mayo el asesor económico de Trump -y jefe del Consejo Económico Nacional de EEUU-, Gary Cohn, y el ministro de economía de Israel, Eli Cohen, se reunieron en Jerusalén con el objetivo de fortalecer los lazos económicos entre ambos países. Ese fortalecimiento se canalizará a través de la Fundación Binacional de Investigación y Desarrollo Industrial (BIRD, por sus siglas en inglés). BIRD espera recaudar 50 millones de dólares en los próximos 5 años para nuevos proyectos. Desde su fundación, en 1977, BIRD ha desarrollado 948 proyectos y generado 10.000 millones de dólares en ingresos directos e indirectos para ambos países. Los sectores en los que se traduce la colaboración bilateral canalizada por la BIRD son la alta tecnología, las energías limpias y, el más boyante de todos, la ciberseguridad (Forbes calcula que para 2020 el mercado de la ciberseguridad alcanzará los 170.000 millones de dólares). BIRD está dando muy buenos resultados a ambos países, y multinacionales norteamericanas como Intel, Cisco, IBM o Microsoft tienen actualmente grandes centros de I+D en Israel. Otra institución de I+D formada por ambos países es la Fundación Binacional para la Investigación y el Desarrollo Agropecuario (BARD, por sus siglas en inglés). En el marco del BARD, agricultores y científicos israelíes y estadounidenses han desarrollado más de 1.300 proyectos en las últimas tres décadas. La tercera pata institucional de esta colaboración es la Fundación Binacional de Ciencias (BSF, por sus siglas en inglés). La BSF financia proyectos de investigación de científicos estadounidenses e israelíes que pueden convertirse en productos tecnológicos comercialmente viables. Treinta y ocho premios Nobel han recibido fondos de la BSF. Sólo en 2004, seis de los ocho ganadores del Premio Nobel fueron beneficiarios de fondos del BSF. Comercio bilateral El Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos e Israel, que data de 1985, fue el primer TLC suscrito por EEUU. Desde su entrada en vigor, el comercio entre los dos países se ha multiplicado por diez, hasta llegar a los 49.000 millones de dólares en 2016. Gracias a este acuerdo, y pese al déficit comercial mencionado, EEUU es el segundo socio comercial de Israel, después de la Unión Europea. De acuerdo con el Departamento de Comercio de EEUU, desde 2009 se han creado 254.562 empleos en EEUU gracias al comercio con Israel. El pasado mes de marzo, Aharon Menenberg escribía en The Tower sobre el aporte israelí a la economía estadounidense, y destacaba, entre otras cosas, que el comercio con Israel es crucial para muchos estados de la Unión. EEUU es también el destino preferido de las inversiones israelíes, que en 2015 alcanzaron la cifra de 25.000 millones de dólares -la inversión privada privada israelí en EEUU representa el 45% de la inversión extranjera originaria de Oriente Medio, a pesar de que la población israelí es sólo el 2% de la regional-. El aporte israelí a la economía estadounidense es, pues, realmente significativo, ya sea en forma de colaboración científica o en comercio bilateral. Por ello, y pese a que la Administración Trump quiera reducir el déficit comercial total de EEUU (actualmente asciende a 44.000 millones de dólares) y disminuir la colaboración con los demás países, Israel sigue formando parte de su ecuación. No sabemos por cuánto tiempo. Israel, para la Administración Trump, está, por ahora, dentro del concepto America First.

domingo, 11 de junio de 2017

La Librería 'Mezek', la historia de los mahals Por Eli Cohen 



A raíz del artículo en el que hablábamos de los orígenes de la supremacía aérea de Israel en Oriente Medio, decidí indagar más sobre la historia de los mahals, los voluntarios que acudieron a luchar en 1948 del lado de Israel contra ocho ejércitos árabes, y, por recomendación de un amigo, me topé con una auténtica joya: Mezek, un cómic de los franceses Yann y André Julliard, autores de renombradas obras como El Gran Duque y Pluma al viento, respectivamente.
Mezek encierra una gran historia (en palabras de Josep Pla, “uno de los acontecimientos más extraordinarios de la historia”): el nacimiento del Estado de Israel.
La trama comienza con la Guerra de la Independencia ya en curso, en junio de 1948. El recién nacido Estado de Israel, acosado desde todos los frentes, sólo cuenta con tres pilotos y 25 aviones. Por ello, miles de voluntarios judíos y no judíos de todo el mundo, los llamados mahals, acuden a la llamada de ayuda del joven país; sin embargo, Israel recurre también a mercenarios; alguno de ellos, como nuestro protagonista, Bjorn, con oscuros orígenes.
El cómic muestra, a través del drama personal de Bjorn, un piloto sueco contratado por el Ejército de Israel para vencer en la batalla del cielo contra los países árabes, cómo era el día a día de mahals y mercenarios en la guerra: dónde vivían, dónde iban a divertirse, cuáles eran sus dilemas, cómo se relacionaban con los israelíes… unas viñetas que constituyen un documento excepcional para entender el fenómeno de los mahals, el de los menos conocidos mercenarios y el de los israelíes que sabían que si perdían esa guerra, sería el fin.
Bjorn, al igual que los demás combatientes, se juega a diario la vida pilotando un Mezek (apodo que les pusieron a los aviones checos Avia S199, imitación de los Messerschmitt alemanes de la Segunda Guerra Mundial), y ve cómo muchos de sus compañeros caen no sólo bajo el fuego enemigo, sino también debido a los continuos defectos de los aparatos checos. Israel estaba sometido a un bloqueo de armamento, y la dificultad de obtener aviones mejores propició que los israelíes desarrollaran estrategias de lo más ingenioso para poder ganar la guerra.
Así, en Mezek se nos narra, por boca de otra mahal, la piloto británica Jackie, la operación llevada a cabo por Emmanuel Zur, el agente israelí que consiguió burlar el bloqueo y llevar tres bombarderos B-17 desde Inglaterra a Israel. Zur, perseguido por Scotland Yard, creó una productora de cine llamada Alshert (que en hebreo significa “anónimo”), y anunció el rodaje de una película en homenaje a los pilotos neozelandeses del escuadrón 488. Compró focos, cámaras, proyectores y alquiló un pequeño aeródromo para rodar la escena inicial de la película, en la cual tres B-17 despegaban ante la atenta mirada de los periodistas… para no regresar jamás.
El cómic cuenta con una ambientación inmejorable; además, diálogos e historia están ampliamente documentados. El dibujo transmite la calidez desértica de los parajes donde los mahals luchaban y caían –contra sirios y egipcios, principalmente–, y recrea fielmente las calles de ese Israel de los primeros días, donde, en el momento más inesperado, la aviación del rey Faruk podía cruzar el cielo para bombardear las ciudades.
Mezek transcurre, sobre todo, durante el verdadero nacimiento de Israel como Estado moderno: con el hundimiento del Altalena, del que ya tratamos, y donde también comentamos la negativa de muchos mahals a cumplir las órdenes del mismísimo Ben Gurión de bombardear el barco. El fin de las batallas políticas internas de Israel constituye el hecho fundante del país y en este cómic, a través de los ojos de Bjorn, somos testigos del mismo.
No obstante, nada es blanco o negro en Mezek: la escala de grises es la que domina, como sucede en la historia del Israel contemporáneo. Bjorn es fiel reflejo de ello: sus romances durante la guerra y su oscuro secreto, que será desvelado al final, representan las contradicciones en medio de las que tuvo que nacer el Estado de Israel.

martes, 6 de junio de 2017

LA GUERRA DE LOS SEIS DÍAS Y LA AMBIGÜEDAD NUCLEAR DE ISRAEL POR ELI COHEN

La Guerra de los Seis Días y la 'ambigüedad nuclear' de Israel

EL MEDIO

Abogado y analista político. Colaborador de Libertad Digital y Es Global. 

"La Guerra de los Seis Días marcó un punto de inflexión en Oriente Medio. Israel respondió a las hostilidades y venció de forma incontestable. Y, afortunadamente, no tuvo que echar mano de opciones atómicas para garantizar su superioridad militar"

Se cumplen ahora 50 años de la Guerra de los Seis Días, que enfrentó a Israel con Egipto, Jordania, Siria, el Líbano e Irak y que ha marcado profundamente Oriente Medio y el conflicto entre israelíes y palestinos.

Uno de los aspectos definitorios de la contienda fue la aplastante victoria israelí y la consecuente percepción árabe de que no se podía acabar con el Estado judío. Bret Stephens ha firmado unaacertada columna sobre estos 50 años, signados por la paradójica no aceptación de Israel por parte de sus vecinos, motor de innumerables problemas.

En este sentido, y a pesar del infructuoso intento de resarcimiento de 1973 (Guerra de Yom Kipur), tras la asombrosa campaña israelí del 67 los Estados árabes empezaron a normalizar la existencia de Israel, y hoy Egipto y Jordania tienen suscritos acuerdos de paz con él, mientras que la cooperación económica y de seguridad entre los países del Golfo y el Estado judío ha experimentado un tremendo impulso en los últimos años.

La Guerra de los Seis Días marcó el inicio de los conflictos asimétricos modernos, de la articulación de la lucha armada de los palestinos en torno a la OLP y de la proliferación de asentamientos judíos en Gaza y Cisjordania. A partir de entonces, los palestinos llevaron a cabo una campaña deterrorismo internacional y de guerra de guerrillas que llevó al mundo a prestar más atención a ese conflicto; aunque ahora nos ocupa otra cuestión.

El poderío militar de Israel quedó sobradamente demostrado esos días días de junio de 1967. Desde entonces, el Estado judío ha pugnado por mantener su superioridad frente a sus vecinos en lo que a tecnología y estrategia bélica se refiere; este qualitative military edge ha definido los acuerdos de cooperación militar entre EEUU e Israel.

***

Por encima de las victorias militares convencionales, que ya forman parte de la historia, el factor nuclear es parte vertebral de la defensa de Israel; un factor considerado vital por los propios israelíes. Ya en la Guerra de los Seis Días se planteó la opción atómica, y no fue la única ocasión.

El 3 de junio el New York Times publicó un reportaje sobre un plan militar hasta ahora secreto, laoperación Día del Juicio Final, por el que el Ejército israelí, en la víspera de la Guerra de los Seis Días, detonaría una bomba nuclear en la Península del Sinaí como advertencia a Egipto y Siria. Finalmente no hizo falta ejecutarlo, pero la opción nuclear también estuvo encima de la mesa en 1973, así como durante la guerra del Golfo de 1991, cuando Irak lanzó 39 misiles Scud contra Israel.

Según la Federación de Científicos Americanos, Israel consiguió desarrollar armas nucleares en noviembre de 1966, aunque Jerusalén nunca ha confirmado oficialmente que posea esa clase de armamento. Es un hecho conocido, de todas formas, sobre todo después de que en 1986 Mordejai Vanunu, que trabajaba en la central nuclear de Dimona, expusiera en el periódico The Sun el secreto a voces. Israel mantiene desde entonces una ambigüedad nuclear, es decir, aboga por un Oriente Medio libre de armas nucleares pero tiene las suyas propias como elemento de disuasión. Se trata de una posición ampliamente criticada por el doble rasero en que se basa, pero que incuestionablemente, ha garantizado la defensa de Israel.

De acuerdo con el historiador Avner Cohen, las líneas rojas establecidas por el protocolo militar israelí para el uso de armas nucleares son:

1. Una penetración militar exitosa en áreas pobladas dentro de las fronteras de Israel posteriores a 1949 (y previas a 1967).

2. La destrucción de la Fuerza Aérea Israelí.

3. La exposición de las ciudades israelíes a ataques aéreos masivos y devastadores o a posibles ataques químicos o biológicos.

4. El uso de armas nucleares contra territorio israelí.

***

Israel se ha asegurado de mantener el monopolio nuclear en Oriente Medio.

A este respecto, el 7 de junio 1981 cazas israelíes F-16 y F-15 bombardearon el reactor nuclear iraquí de Osirak, y el 6 de septiembre de 2007 la Fuerza Aérea Israelí llevó a cabo una operación similar en la región siria de Deir Ezzor, donde, con ayuda de Corea del Norte, Damasco intentaba desarrollar su propio programa de energía nuclear con fines militares.

Según Stratfor, Israel ha llevado a cabo operaciones encubiertas contra el programa nuclear iraní, como el asesinato de científicos nucleares y, en un acontecimiento más conocido y público, un ciberataque con el virus informático Stuxnet que afectó al 60% de los sistemas implicados en el programa nuclear.

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La Guerra de los Seis Días marcó un punto de inflexión en Oriente Medio. Israel respondió a las hostilidades (Egipto bloqueó los Estrechos de Tirán –acto de agresión según la Resolución 3314 de la Asamblea General de la ONU–, ordenó la retirada de las tropas pacificadoras enviadas por Naciones Unidas al Sinaí y firmó alianzas militares con Siria y Jordania) y venció de forma incontestable. Y, afortunadamente, no tuvo que echar mano de opciones atómicas para garantizar su superioridad militar.

No obstante, la Guerra de los Seis Días también es el inicio de la administración israelí sobre Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, una administración que ha generado problemas de todo tipo; pero eso es materia de otra columna

sábado, 27 de mayo de 2017

DESESMASCARANDO EL BDS

Contextos

Desenmascarando el BDS

Por 

Eli Cohen

Abogado y analista político. Colaborador de Libertad Digital y Es Global. 

"El movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) intenta, desde hace más de diez años, perjudicar a empresas israelíes –sabiendo que éstas dependen fundamentalmente del mercado exterior y que ya sufren otro boicot, el impuesto hace décadas por la mayoría del mundo árabe-musulmán– e impedir que personalidades israelíes de todos los campos desplieguen sus capacidades (den clases, conciertos, conferencias, etc.) en el extranjero. Supuestamente, el movimiento BDS busca mejorar la situación de los palestinos y paliar sus sufrimientos mediante la de presión internacional sobre Israel, como antaño se hizo contra la Sudáfrica del apartheid. Pero lo cierto es que tiene otra agenda, no tan oculta"

A raíz de la última polémica, protagonizada por el CEO del gigante de las telecomunicaciones Orange, Stephen Richard, el movimiento BDS ha vuelto a salir a la palestra internacional.

El movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) intenta, desde hace más de diez años, perjudicar a empresas israelíes –sabiendo que éstas dependen fundamentalmente del mercado exterior y que ya sufren otro boicot, el impuesto hace décadas por la mayoría del mundo árabe-musulmán– e impedir que personalidades israelíes de todos los campos desplieguen sus capacidades (den clases, conciertos, conferencias, etc.) en el extranjero. Supuestamente, el movimiento BDS busca mejorar la situación de los palestinos y paliar sus sufrimientos mediante la de presión internacional sobre Israel, como antaño se hizo contra la Sudáfrica del apartheid. Pero lo cierto es que tiene otra agenda, no tan oculta.

Thomas Friedman –que no es precisamente un fan de la presencia de Israel en Cisjordania– fue uno de los primeros líderes de opinión es denunciar la verdadera cara del BDS. Así, en 2002 escribióen el New York Times:

Estigmatizar a Israel con el oprobio y las sanciones internacionales, fuera de toda proporción con cualquier otro país en Oriente Medio, es antisemita, y no decirlo así es deshonesto.


En la misma línea, más recientemente (2014) otro columnista del New York Times, Roger Cohen –aún menos entusiasta de las políticas israelíes en los territorios– advertía:

La conversación meliflua sobre democracia y derechos humanos enmascara el objetivo del BDS, que no es otro que el final del Estado judío, para el cual la ONU otorgó un nada ambiguo mandato en 1947. El antisionismo del movimiento puede fácilmente ser una cobertura para el antisemitismo.


El columnista del Telegraph Brendan O’Neill también describió atinadamente el BDS, recalcando su hipocresía, a raíz del revuelo suscitado por Scarlett Johansson al aceptar ser imagen de la compañía israelí Soda Stream, como ya señalamos:

No hay nada remotamente progresista en esta campaña de boicot a todo lo israelí, con sus dobles raseros sobre el comportamiento de diversas naciones y su retórica estridente de que todo lo que viene de Israel está cubierto de sangre palestina. Este movimiento no está diseñado para tener algún tipo de impacto positivo en Oriente Medio (…) Es antiliberal, porque exige efectivamente la censura de los académicos y artistas israelíes; es hipócrita, porque está dirigido por personas que están más que dispuestas a utilizar iPhones hechos en la antidemocrática China (…) Así que tres hurras a la Sra. Johansson por tomar una posición pública y abierta en contra de esta presión para tratar a Israel como la nación más malvada de la Tierra.


Antes, en febrero de 2012, Norman Finkelstein, uno de los mayores críticos de Israel y de sus políticas, declaró que el movimiento BDS era una “secta” que quería abolir el Estado judío. 

Con todo, los comentarios de Friedman, Finkelstein u O’neill no son necesarios para descubrir la verdadera naturaleza del BDS. Omar Barguti, jefe de Pacbi, la rama cultural del movimiento, declaró:

La fase actual tiene todas las propiedades emblemáticas de lo que puede considerarse el último capítulo del proyecto sionista. Estamos siendo testigos de la rápida desaparición del sionismo, y nada se puede hacer para salvarlo.


Barguti, por cierto, hizo un máster en Ética y Filosofía en la Universidad de Tel Aviv. Y cursó estudios de doctorado en la misma universidad.

Asad Abu Jalil, profesor americano-libanés de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de California y uno de los principales partidarios del BDS en EEUU, fue aún más lejos que Barguti:

La justicia y la libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia del Estado de Israel.


El BDS tiene poco que ver con los derechos humanos, con la justicia, con la democracia o con las ideas progresistas. Al contrario, es discriminatorio, hipócrita y antisemita. Nada menos que Noam Chomsky subrayó en julio de 2014 el doble rasero del movimiento:

Si queremos boicotear la Universidad de Tel Aviv porque Israel viola los derechos humanos, entonces ¿por qué no boicotear a Harvard debido a las mucho mayores violaciones cometidas por los Estados Unidos?


El prejuicio que mueve a los integrantes del BDS suele conducirles a la obsesión y el absurdo. El más deplorable y reciente ejemplo fueron las acusaciones vertidas contra Israel por la matanza terrorista islamista de Charlie Hebdo. Greta Berlin, una portavoz del movimiento Free Gaza, adscrito al BDS, publicó en su página de Facebook lo siguiente:

El Mosad acaba de golpear las oficinas en París de ‘Charlie Hebdo’, en una operación de bandera falsa diseñada para dañar el acuerdo entre Palestina y Francia (…) Israel le dijo a Francia que habría consecuencias graves si votaba por Palestina. Un niño de cuatro años podría ver quién es el responsable de este terrible ataque.


Por otro lado, el movimiento BDS no ha logrado el menor avance hacia la paz ni mejorado en lo más mínimo la situación de los palestinos. Ya en 2007 The Economist lo calificó de “débil e ineficaz” y añadió:

Culpar únicamente a Israel por el callejón sin salida en los territorios ocupados seguirá siendo percibido por los de fuera como injusto.


En definitiva: el movimiento BDS, con su enfoque discriminatorio, hipócrita e injusto, no ha logrado promover la comprensión mutua entre israelíes y palestinos. Sus campañas no han dado arrojado ningún resultado positivo para la vida de los palestinos, han hecho la paz más difícil de alcanzar y han demostrado que su verdadera intención es librar una guerra contra Israel por otros medios.

martes, 2 de mayo de 2017

ESTATUS LEGAL DE JERUSALEM por Eli Cohen

http://elmed.io/el-estatus-legal-de-jerusalen/

 


Fecha: 2017-05-02 18:01:10
Tags: conflicto palestino-israelíGuerra de los Seis DíasIsraelJerusalénJerusalén EsteONU

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Eli Cohen


Abogado y analista político. Colaborador deLibertad Digital y Es Global. 

"Aunque ha experimentado grandes mejoras en este medio siglo de unificación, la situación legal de Jerusalén no es definitiva, y en un futuro acuerdo de paz ésta pasará con toda seguridad por soluciones orientadas a la división o la cosoberanía"

El próximo día 7 de junio se cumplen 50 años desde la conquista de Jerusalén Este, entonces en manos jordanas, por parte del Ejército israelí, en el transcurso de la Guerra de los Seis Días.

Durante este período de tiempo Jerusalén, tanto la zona oriental como la occidental, ha sidoadministrada por Israel. Los sistemas de agua, alcantarillado, electricidad y comunicaciones, así como los servicios administrativos, sanitarios, bancarios y comerciales, están unificados para la población, ya sea judía o árabe. En 1967, a los residentes de Jerusalén Este se les ofreció la residencia permanente y la libertad de establecerse en la parte occidental de la ciudad.

Pero el estatus de Jerusalén está en cuestión todos los días y genera polémicas que devienen en violencia y en crisis diplomáticas. Sirvan como ejemplos recientes la última ola de atentados contra israelíes, conocida como Intifada de los Cuchillos, que comenzó en la Ciudad Vieja en octubre de 2015, y las resoluciones de la Unesco que ignoran la conexión del pueblo judío con la capital de Israel.

La opinión de israelíes y palestinos ante un posible cambio en la administración y la soberanía de la ciudad se encuentra dividida. En septiembre de 2015, el Palestinian Center for Policy and Survey Research publicó una encuesta que mostraba que el 60% de los palestinos se oponía a establecer Jerusalén como capital de ambos Estados, Israel y Palestina. En enero de 2016, una encuesta elaborada por el Peace Index reveló que el 48,6% de los israelíes estaba de acuerdo con la propuesta de Isaac Herzog de dividir la ciudad, mientras que el 44,3% estaba en desacuerdo.

Diecisiete años antes de la unificación, el 23 de enero de 1950, Israel declaró Jerusalén su capital y trasladó los edificios e instituciones del Gobierno a la parte occidental de la ciudad bajo su control. Hoy Jerusalén es la capital de Israel, pero ningún país la reconoce como tal. Pese a ello, su estatus no es definitivo, y su demarcación final siempre se ha pospuesto en las negociaciones de paz.

La ONU y la UE, así como la Corte Internacional de Justicia, han considerado Jerusalén Este como un territorio ocupado, y están inclinados a aceptar las reivindicaciones palestinas de establecerla como la capital de la futura Palestina.

Después de la Guerra de los Seis Días, varias resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONUcondenaron las acciones de Israel en Jerusalén Este. En la 252 (1968) se consideró que “todas las medidas legislativas y administrativas adoptadas por Israel, incluida la expropiación de tierras y propiedades (…), que tienden a cambiar el estatuto jurídico de Jerusalén, son inválidas y no pueden cambiar ese estatuto”, y se instaba a Israel a “rescindir todas las medidas ya adoptadas y a desistir de inmediato de cualquier otra medida que tienda a cambiar el estatus de Jerusalén “.

El 30 de julio de 1980, el Parlamento israelí aprobó una ley fundamental que establecía Jerusalén como capital del Estado. El artículo 1 es rotundo: “Jerusalén, completa y unida, es la capital de Israel”; y también el artículo 6, relativo a la soberanía:

Ninguna autoridad que se estipule en la ley del Estado de Israel o de la Municipalidad de Jerusalén puede ser transferida permanentemente o por un período de tiempo asignado a un cuerpo extranjero, ya sea político, gubernamental o de cualquier otro tipo similar.


Israel reforzó su soberanía sobre Jerusalén con la Ley de Administración y Arreglos, por la que los territorios del Estado dentro de la ciudad están bajo “la ley, la jurisdicción y la administración israelíes”, y no pueden ser transferidos sin una resolución gubernamental aprobada por mayoría absoluta del Parlamento, previo referéndum. Esto hace que cualquier acuerdo de paz con un acuerdo sobre Jerusalén quede condicionado a una consulta popular en Israel.

Después de estas medidas, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió dos resoluciones (476 y 478), conminó a Israel a “desistir inmediatamente de persistir en la política y las medidas que afectan el carácter y el estatuto de la Ciudad Santa de Jerusalén” y llamó a todos los Estados con misiones en la ciudad a retirarlas.

El 20 de diciembre de 1990, el Consejo de Seguridad de la ONU expresó su profunda preocupación por la situación en “todos los territorios palestinos ocupados por Israel desde 1967, incluida Jerusalén Este”, y reafirmó la aplicación de la Cuarta Convención de Ginebra al caso de los territorios palestinos. De la misma manera obró el Consejo de Seguridad en la famosa Resolución 2334, aprobada en diciembre del año pasado.

En julio de 2016, el esperado informe del Cuarteto para la Paz etiquetó a Jerusalén Este como territorio ocupado, y a 200.000 residentes judíos en Jerusalén Oriental como colonos.

Mientras Jerusalén Este es considerada territorio ocupado, no existe una opinión o documento universal sobre el estatuto jurídico de toda la ciudad, y actualmente hay una gran discusión al respecto entre académicos, juristas y políticos. Principalmente, porque la soberanía de Jerusalén, que nunca antes ha sido capital de ningún Estado árabe llamado Palestina, y que en el plan de partición de 1947 se concibió como ciudad internacional administrada por la ONU, está en disputa, y ambas partes tienen posiciones legítimas. Su estatus final tiene que ser acordado por las partes, y reconocido posteriormente por la comunidad internacional.

En definitiva: aunque ha experimentado grandes mejoras en este medio siglo de unificación, la situación legal de Jerusalén no es definitiva, y en un futuro acuerdo de paz ésta pasará con toda seguridad por soluciones orientadas a la división o la cosoberanía.

domingo, 30 de abril de 2017

PALESTINA, LA ENSEÑANZA COMO SÍNTOMA

Echa un vistazo al Tweet de @RevistaElMedio: https://twitter.com/RevistaElMedio/status/858694965328842752?s=09

viernes, 21 de abril de 2017

#OPINON : UN GRAN ACUERDO REGIONAL PODRÍA PROPICIAR UN ESTADO PALESTINO

http://blogs.elconfidencial.com/mundo/tajles/2017-04-21/acuerdo-regional-estado-palestino_1370123/?utm_content=bufferf4fac&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

jueves, 20 de abril de 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

martes, 18 de abril de 2017

CINCO RAZONES POR LAS QUE #ISRAEL DEBERÍA SEGUIR EXISTIENDO

http://blogs.elconfidencial.com/mundo/tajles/2015-03-30/cinco-razones-por-las-que-israel-deberia-seguir-existiendo_746756/

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El origen del nacionalismo palestino Por Eli Cohen

A Golda Meir le conocemos muchas citas sobre el conflicto entre árabes e israelíes. Una de ellas es muy polémica: “El pueblo palestino no existe”. Una afirmación que Mike Huckabee, posible nuevo embajador de USA en Jerusalén, repitió después de una visita por la zona el año pasado. Newt Gingrich, otro político republicano que presumiblemente tendrá un papel importante en la Administración Trump, dijo también en 2011 de los palestinos que “son árabes” y que el pueblo palestino es una “invención”.
Hoy, 129 países (de 193) reconocen a Palestina como Estado, y la paz con Israel pasará por la creación, de una vez por todas, de un Estado palestino independiente. Los palestinos como comunidad nacional, pese a sus divisiones y problemas, son una realidad, pero los orígenes de su sentimiento nacional siguen rodeados de incógnitas.

jueves, 22 de diciembre de 2016

El origen del nacionalismo palestino Por Eli Cohen

A Golda Meir le conocemos muchas citas sobre el conflicto entre árabes e israelíes. Una de ellas es muy polémica: “El pueblo palestino no existe”. Una afirmación que Mike Huckabee, posible nuevo embajador de USA en Jerusalén, repitió después de una visita por la zona el año pasado. Newt Gingrich, otro político republicano que presumiblemente tendrá un papel importante en la Administración Trump, dijo también en 2011 de los palestinos que “son árabes” y que el pueblo palestino es una “invención”.
Hoy, 129 países (de 193) reconocen a Palestina como Estado, y la paz con Israel pasará por la creación, de una vez por todas, de un Estado palestino independiente. Los palestinos como comunidad nacional, pese a sus divisiones y problemas, son una realidad, pero los orígenes de su sentimiento nacional siguen rodeados de incógnitas.   

Palestina y sus gentes

Palestina es el nombre que da el emperador romano Adriano, en el siglo II d. C., al territorio del antiguo reino de Judea, tal como nos recuerda Marcos Aguinis. Antes del nacimiento de Israel, los judíos que nacían en Palestina se hacían llamar “palestinos”; de hecho, la misma Golda Meir dijo que también ella era palestina. La Palestina histórica comprendía igualmente casi toda Jordania -el 80% de la Palestina reclamada tanto por los árabes como por los judíos pasa a formar parte en 1922 del reino de Transjordania-. La palabra Palestina es más antigua que su uso romano y ya se encuentra en los relatos de Herodoto, pero éste refiere su origen a los filisteos, uno de los “pueblos del mar” de los que habla la Biblia, originarios de la Grecia Antigua y de Asia Menor.
Henry Cattan, jurista palestino nacido en Jerusalén, dijo que los palestinos son el pueblo indígena, continuo y original de Palestina, y Mahmud Abás y Saeb Erekat han llegado a usar la Biblia para decir que los palestinos allí estaban antes que los israelitas: “Somos descendientes de los cananeos de Jericó”, dijo Erekat, y acusó a las tropas del conquistador bíblico israelita Josué de quemar a sus antepasados en la referida ciudad. Más allá de la veracidad bíblica, que siemprenos gusta debatir, la teoría de Erekat está muy traída por los pelos, y más aún si se mezcla con la tesis filistea.

Atendiendo al indigenismo de los árabes palestinos, el historiador William Ziff, en su denostadoThe Rape of Palestine, habla de la constante mezcla de grupos humanos que han pasado por y se ha asentado en Palestina:

jueves, 1 de diciembre de 2016

#OPINION - Ikar Shirá BaPe – La centralidad del canto


Ikar Shirá BaPe – La centralidad del canto
El lugar de los instrumentos musicales en los Servicios de Shabbat
Me crie en Buenos Aires donde en las sinagogas liberales no faltan los órganos, las guitarras y los tambores. Así crecí. Con hermosos servicios religiosos, desde Kabalat Shabbat hasta Rosh Hashaná, donde la música y los instrumentos musicales ocupaban un lugar central. Durante años no conocí otra forma de rezar. Luego pase diversas temporadas en Israel y en Estados Unidos en donde (re)descubrí como las festividades y los shabbatot podían ser vivenciados sin el ritmo de los tambores, los tiempos del piano y los solos de la guitarra.
No es mi intención en estás pocas líneas plantear si halájicamente está permitido o no tocar instrumentos en Shabbat y en las festividades; y de estar permitido que instrumentos se podrían y cuáles no. Ya existe variada (y buena) literatura al respecto.[1] Están aquellos que permiten y aquellos que prohíben. Mi intención es compartir con ustedes un antiguo debate talmúdico que puede ayudarnos a pensar el lugar de los instrumentos musicales en nuestra vida religiosa.
 En el Talmud (Sucá 50b y ss.) rabí Iosi plantea que la centralidad de la música se encuentra en los instrumentos musicales (Ikar Shirá Bajeli) mientras que la mayoría de los sabios plantean que la centralidad de la música se encuentra en el canto (Ikar Shirá BaPe).[2] El contexto de está discusión son los sacrificios que en el antiguo Templo de Jerusalén eran acompañados por los levitas tocando instrumentos y cantando diversos Salmos. En primer lugar vale la pena remarcar está antigua tradición donde el culto es acompañado por la música. Al parecer existe una relación intrínseca e histórica entre el culto religioso y la música. En segundo lugar vemos como el debate que hoy en pleno siglo XXI se plantea entre “instrumentos musicales” y “el canto colectivo” ya se encuentra prefigurado en el mar de los debates talmúdicos.

martes, 29 de noviembre de 2016

Israel, una sociedad polarizada Por Eli Cohen

Como venimos abordando, Israel está cambiando y se parece cada vez menos al país que fundaron pioneros europeos y supervivientes del Holocausto en 1948. Así, hoy su sociedad está más polarizada en lo relacionado con la cuestión Religión-Estado.  
El último estudio del Pew Research Center sobre las preferencias religiosas en la sociedad israelí refleja que los judíos, el 80% de la población, están más divididos que nunca en este asunto. Mientras el 76% cree compatible que el Estado sea a la vez judío y democrático y un 98% sigue creyendo en la idea de Israel como Estado-nación refugio de los judíos, un 40% se declara laico o secular y otro 41%, observante (jaredíes -ultraortodoxos-, 8%; datíes -religiosos-, 10%; masortíes -tradicionales-, 23%). El 89% de los jaredíes y el 65% de los religiosos dicen que la ley religiosa debería tener prioridad sobre los principios democráticos, porcentajes ciertamente preocupantes en una democracia consolidada. Los jaredíes y los religiosos quieren abiertamente que el Gobierno promueva la religión, y un 36% de los primeros dice que democracia y judaísmo son una mezcla imposible.
Más datos interesantes. La mayoría de los seculares prefiere que sus hijos se casen con un no judío a que lo hagan con jaredíes. El 95% de los jaredíes casados declara que su cónyuge es también jaredí, y el 93% de los laicos tiene cónyuge o pareja también laica. El 89% de los jaredíes no tiene amigos en los otros grupos sociales, así como el 64% de los laicos. No se juntan, no se mezclan, no interactúan. Viven en mundos y realidades paralelas, pero en el mismo país y bajo las mismas leyes.